Fundaciones: Su importante rol en las inversiones de impacto

Al interior del ecosistema de las inversiones de impacto existe otro actor relevante: las fundaciones filantrópicas. Las fundaciones, por su naturaleza filantrópica, y su capacidad de asumir riesgos y generar innovación, tienen un rol clave de catalizador del desarrollo del mercado de la inversión de impacto, involucrándose a distintos niveles del ecosistema. A nivel internacional, este tipo de organizaciones han jugado importantes roles.

Si bien las fundaciones manejan fondos filantrópicos, han tenido un rol relevante en el ámbito de proveedores de capital a inversiones de impacto, apoyando proyectos de inversión en etapas tempranas, o bien como aval en fondos de impacto. De esta forma, han buscado ampliar sus estrategias de donaciones y también alinear las inversiones que realizan sus fondos patrimoniales (endowments) con la misión de sus organizaciones, a través de los llamados Mission Related Investments (MRI) o Program Related Investments (PRI). De hecho, en septiembre 2015, en EE.UU., el Internal Revenue Service (IRS) emitió una nueva regla para que las fundaciones puedan realizar inversión de impacto con retorno sin tener que pagar un impuesto sobre éste, mientras inviertan en organizaciones alineadas con su misión. De hecho, la Fundación Ford anunció en 2017 que la inversión de mil millones de dólares de su endowment en MRIs en un período de 10 años.

También varias fundaciones han incorporado estrategias de tipo Venture Philantrophy, invirtiendo en proyectos de alto riesgo o del Missing Middle ($25,000 – $200,000 – $500,000) donde es demasiado riesgoso o caro para los inversionistas de impacto privados. En general, el capital está acompañado por apoyo no financiero (como asesoría y capacitación) que facilita el éxito de los proyectos. Y también actúan como anchor-funding, como invesionista ancla que facilita a los proyectos sumar a otros inversionistas privados.

Muchas fundaciones han tenido un rol en impulsar el conocimiento que permite promover las inversiones de impacto. Por una parte han sido importantes articuladores entre los distintos actores para crear las condiciones para que las inversiones de impacto florezcan en un país. También han apoyado el desarrollo de estudios, investigación aplicada a nivel académico y programas de formación, que facilitan el desarrollo de las inversiones. La Fundación Rockefeller ha destacado en este ámbito, impulsando también el desarrollo de instrumentos y plataformas que permiten equiparar los estándares de este tipo de inversiones, especialmente para medir el impacto social y medioambiental, como B Lab y las métricas de GIIRS.

En Chile sólo el 12% de las fundaciones filantrópicas destina recursos a instituciones que buscan resolver un problema social y un retorno financiero a la vez (Aninat & Fuenzalida CEFIS UAI 2017), lo que da cuenta de una baja asimilación del rol que el capital filantrópico puede aportar al desarrollo del mercado de las inversiones de impacto. Sin embargo, recientemente la Fundación San Carlos de Maipo, con el respaldo de un grupo de fundaciones filantrópicas locales, anunció el primer Contrato de Impacto Social en Chile, que permitirá desarrollar un nuevo modelo de articulación entre inversionistas y una organización social, en un formato de pago contra resultados que busca premiar el logro de impacto social efectivo.

El nivel de innovación social que existe en Chile, sumado al abanico de nuevos modelos de negocios de doble retorno, junto con el atractivo que este nuevo modelo híbrido genera en las nuevas generaciones empresariales permite identificar amplias posibilidades para el desarrollo del mercado de inversiones de impacto a nivel local. Abordar estas oportunidades requiere de una articulación entre los actores, incluidas las fundaciones que tienen la capacidad de aportar el capital de riesgo y la mirada de largo plazo que este tipo de instrumentos requiere para la nueva industria.

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