Filantropía Institucional: Desafíos de las fundaciones filantrópicas en Chile

Se ha señalado que la filantropía no tiene la capacidad por sí sola de resolver los problemas sociales en términos cuantitativos. ¿Cuál es, entonces, su aporte? John Coatsworth señala que los recursos filantrópicos tienen la capacidad de cumplir un rol cualitativo significativo, esto es, la capacidad de construir redes, movilizar y apalancar recursos, promover modelos exitosos y efectivos, y fortalecer la sociedad civil (Coatsworth 2008, p.10-11). Estas capacidades se manifiestan con especial énfasis en la filantropía institucional, aquella que adopta una estructura de operación, una fuente de recursos permanentes y un sistema de gobierno propio: las fundaciones filantrópicas. Su forma “institucional”, que la diferencia de la filantropía individual o corporativa, posibilitan su capacidad de aportar “capital paciente”, recursos (humanos, financieros y redes) articulados con una visión de largo plazo y capacidad de asumir innovación o incluso riesgo en los modelos de intervención para hacer frente a desafíos sociales y/o medioambientales complejos. Por ello, en el ecosistema de la filantropía, las fundaciones filantrópicas cumplen un rol especialmente significativo.

¿Cómo es la filantropía institucional en Chile? ¿Dónde y cuánto aporta? ¿Agrega valor al desarrollo? El estudio Filantropía Institucional en Chile [1] desarrollado por el CEFIS UAI en colaboración con investigadores de Hauser Institute for Civil Society, Harvard Kennedy School (2017), entrega interesantes luces sobre las fundaciones filantrópicas legalmente constituidas y operativas a nivel local, que cuentan con una fuente de recursos propios y permanentes para destinar a distintos ámbitos del desarrollo social. Asimismo, advierte de un sector de creciente dinamismo sobre el cual emergen importantes desafíos. A partir de los datos de aquel estudio, este artículo reflexiona sobre tres desafíos de la filantropía institucional en Chile: a nivel de la inversión social que realiza, de su modelo de operación y de sus sistemas de gobernanza y transparencia.

Un sector en crecimiento

La filantropía institucional es un sector que cuenta con años de trayectoria y a la vez, manifiesta un fuerte dinamismo en los últimos diez años. En tanto 56% de las fundaciones tienen más de 11 años de antigüedad, un 44% son organizaciones de fundación más reciente. Este crecimiento se explica principalmente por el surgimiento de fundaciones familiares, la mayoría de las cuales tiene menos de 10 años de antigüedad.

Fuente: Filantropía Institucional en Chile. CEFIS 2017.

Por el contrario, en países como Colombia, México y Brasil, el creciente aumento de fundaciones viene de la mano de fundaciones empresariales (Villar, 2015, p.73). De todas formas, es posible atribuir a las fundaciones familiares un grado de visión más altruista respecto de las corporativas, que si bien tienen su foco en aportar inversión social, deben alinearse con la estrategia de creación de valor de la empresa y, en último término, responder a sus accionistas.

Por otra parte, es posible dimensionar el aporte de la filantropía institucional en términos monetarios a través del dato sobre gasto social (monto que destinan las fundaciones en donaciones a terceros o al desarrollo de programas propios con fines sociales). Si bien esta cifra no señala el impacto en el cambio de los beneficiarios, es un dato objetivo del aporte económico que realiza este sector, estimado en torno a los US$ 83 millones, lo que representa un 0,03% del Producto Interno Bruto de Chile en 2015. Esta cifra contribuye a engrosar el 0,1% del PIB que aportan las donaciones registradas ante el Servicio de Impuestos Internos. Específicamente, en 2015 se realizaron más de 1.500 donaciones a terceros, las que fueron recibidas por un total de casi 800 donatarios, cuyo monto agregado supera los US$ 20 millones, según las cifras del CEFIS UAI.

A pesar de lo significativa que es esta contribución, en términos comparados, el aporte de la filantropía institucional al PIB es sustantivamente menor respecto al gasto social del sector en otros países. En el caso de Estados Unidos, uno de los líderes en el área, el gasto social de fundaciones se calcula en US$ 52 mil millones en 2014 (Foundation Center, 2014), un porcentaje respecto del PIB de ese año del 0,35%, 10 veces mayor que el chileno. En Brasil, ejemplo relevante de la región, el porcentaje en 2014 fue un 66% mayor que el chileno, llegando al 0,05% (GIFE Census, 2014).

Dado el crecimiento del PIB, Chile tiene un amplio margen para su desarrollo respecto de la inversión social que realizan las fundaciones. Un aumento de los recursos que administra la filantropía institucional permitiría aprovechar en términos de eficiencia y economía de escala, potenciando el esfuerzo de crear estructuras para canalizar los aportes privados.

Desafíos a nivel de inversión social de fundaciones

La inversión social que realizan las fundaciones filantrópicas se localizan a lo largo del país, con especial énfasis donde se concentra gran parte de la población: la distribución de la inversión social se efectúa mayoritariamente en la Región Metropolitana (61%) y la Región de Valparaíso (30%), demostrando una mayor presencia en los lugares más poblados de Chile.

Sin embargo, al analizar los datos de desarrollo económico por distribución geográfica, se evidencia una baja presencia de la filantropía institucional en zonas con índices de menor prosperidad. Por ejemplo, a la Región de Arica, la segunda región con menor PIB per cápita (US$ 5.708), solo el 5% de las fundaciones le destina recursos de manera focalizada. A su vez, no más de un 17% de fundaciones destina recursos a las regiones que se encuentran por debajo de la mediana respecto al PIB per cápita regional (Araucanía, Maule, Los Ríos, Bío Bío, Los Lagos y Coquimbo). Por otro lado, a la RM, la tercera región con mayor PIB per cápita (US$ 15.293), casi dos tercios de las fundaciones le destina recursos.

Tabla 1. PIB per cápita regional, población regional y porcentaje de fundaciones que destina recursos según cantidad de personas por región.


Fuente: Filantropía Institucional en Chile. CEFIS 2017.

Es así como una evidente oportunidad para el crecimiento de este sector es contribuir en áreas geográficas rezagadas del desarrollo del país, para lo cual se requieren condiciones que movilicen inversión privada filantrópica hacia donde persisten índices de vulnerabilidad.

En términos de ámbitos sociales, la filantropía institucional en Chile realiza un significativo aporte a la educación, siendo el ámbito en que invierten los mayores montos de gasto social (US$ 23 millones en 2015), una realidad compartida entre países latinoamericanos como Argentina, Brasil, Colombia y México (Villar, 2015, p.73).

La distribución de recursos de las fundaciones a educación en Chile se concentran fuertemente entre educación básica (42%) y media (31%) y en menor medida, universitaria (11%). La primera infancia solo abarca el 16% de estos recursos, un porcentaje bajo considerando que la OCDE ha señalado la necesidad de aumentar el gasto en educación preescolar, atendiendo que en diez años se duplicó la matrícula mientras el gasto se ha mantenido relativamente estable (OCDE, 2016, p.301).

Dados los altos índices de inversión pública y privada que existen en educación y el proceso de reforma al sistema educativo, surge como desafío para el sector filantrópico comprender con mayor profundidad el valor del aporte que se ha realizado en este ámbito y definir nuevos roles en el sector, ya sea cambiando el foco de atención o estructurando encadenamientos entre los aportes privados y la inversión pública.

En términos del foco prioritario al cual las fundaciones filantrópicas en Chile destinan recursos, después de educación sigue bienestar y desarrollo social (15%), y luego las temáticas de arte, cultura y patrimonio y conservación del medioambiente (ambas con un 13%). Junto con esto, cabe señalar la amplia trayectoria que tienen las fundaciones dedicadas al arte, cultura y patrimonio, mostrando eso sí, bajos promedios de inversión anual, de US$618 mil en 2015 por fundación; y a la conservación del medioambiente, de US$ 136 mil de inversión anual promedio en 2015.

Los ámbitos relacionados con la atención especializada a la tercera edad, infancia y juventud, el ámbito relacionado con salud, deporte y vida sana y el ámbito de la ciencia, tecnología e investigación, le siguen en términos de prioridad, aunque no superan el 10%.

Según estudios de opinión pública del CEFIS UAI 2016, en Chile la ciudadanía identifica el ámbito de salud y discapacidad como primera prioridad para el destino de donaciones de parte del sector privado. Sin embargo, solo un 6% de fundaciones lo señala como su ámbito prioritario de inversión. Así, es necesario investigar las trabas específicas que subyacen a esta ausencia, entre las cuales destaca la inexistencia de incentivos tributarios a las donaciones directas al sector salud. Y junto con ello, explorar mecanismos que incentiven al aumento de la inversión y la participación filantrópica institucional en estos y otros ámbitos es parte de los desafíos que se deben enfrentar.

Tabla 2. Gasto social estimado, año 2015

Fuente: Filantropía Institucional en Chile. CEFIS 2017.

Desafíos en términos de modelos de operación de las fundaciones

El estudio del CEFIS UAI sobre Filantropía Institucional señala que la operación de las fundaciones es principalmente a través de programas propios (58%) o un sistema mixto de entrega de donaciones a terceros y operación de programas propios (24%) y solo un 18% de las fundaciones opera únicamente a través de la entrega de donaciones a terceros.

Otros estudios del CEFIS UAI muestran que, bajo la visión de los empresarios, existe una mirada crítica respecto del nivel profesional de las organizaciones sociales (Aninat, 2016, p.98). De hecho, la falta de confianza en la capacidad y transparencia de las organizaciones beneficiarias es una de las razones que entregan las fundaciones filantrópicas en Latinoamérica sobre por qué en su mayoría operan programas propios (HIHU y UBS 2015, p.53).

Es importante reflexionar sobre las consecuencias que un sector concentrado en sus propias operaciones tiene sobre el fortalecimiento e independencia de las organizaciones de la sociedad civil. Ante la ausencia de financiamiento desde fuentes privadas, las organizaciones sociales pueden tender hacia una creciente captura por parte del sector público como financista mayoritario que define los términos de referencia de entrega de subvenciones o contratación de servicios, en plazos de gobiernos de cuatro años que no facilitan visiones de largo plazo.

Cabe considerar también que la operación de programas propios requiere mayores estructuras en términos de recursos humanos, una curva de aprendizaje respecto del desarrollo de programas de intervención, y un mayor gasto en administración, todo lo cual tiene un costo de oportunidad si se compara con la posibilidad de contar con un sistema de evaluación de inversión social de donaciones a organizaciones externas. Si el objetivo de las fundaciones filantrópicas es aportar a enfrentar desafíos sociales complejos, es necesario indagar en qué tipo de estructura (donante, mixta u operativa) facilita la cooperación y los encadenamientos que permiten un mayor impacto.

Por otra parte, según la Universidad de Harvard, demostrar el impacto que genera la filantropía es parte del proceso de crear una percepción positiva y de confianza que favorezca su desarrollo (HIHU, 2015, p.51). Uno de los principales desafíos de los aportes filantrópicos es la ausencia de obligación de rendir cuentas externas, debido a que la filantropía no tiene incorporada fuerzas sistémicas que motiven su progreso continuo (Tierney y Fleishman, 2011, p.5). En este marco, es significativo que un 65% de las fundaciones filantrópicas en Chile incorpore políticas de evaluación en sus distintos proyectos o programas, procesos que recaen principalmente en equipos internos de las organizaciones. También es relevante lo que señalan las fundaciones respecto del uso que dan a las evaluaciones que realizan: el aprendizaje interno y el control de la labor que realizan (94%), lo que muestra una conciencia de mejora continua.

Gráfico 2. Tipo de evaluaciones que realizan las fundaciones filantrópicas.

Fuente: Filantropía Institucional en Chile. CEFIS 2017.

Del total de fundaciones que incorporan políticas de evaluación en sus proyectos o programas, un 40% declara haber utilizado metodologías de medición de impacto con grupo de control en los últimos cinco años. Este esfuerzo es especialmente significativo si se compara con el ámbito público: del total de programas que la Dirección de Presupuesto evaluó entre los años 2011 y 2016, solo un 23% utilizó evaluación de impacto.

Con todo, si se compara la dimensión del gasto social del sector de la filantropía institucional con la capacidad de inversión pública del Estado en ámbitos similares, el rol de innovación social y efectiva parece más pertinente para las fundaciones que medir sus logros en base a alcanzar cobertura de población. Es por eso que fortalecer el monitoreo de resultados y la medición de impacto de alto estándar metodológico es especialmente importante si se considera que uno de los roles relevantes que puede cumplir la filantropía institucional es aportar a la innovación de modelos de intervención social que logren escalar a política pública, o permitir la replicabilidad de sus programas mostrando efectividad basada en evidencia.

Desafíos a nivel de reportabilidad y transparencia en las fundaciones

Dentro de los desafíos que enfrentan las fundaciones se encuentra la forma en que se relacionan con la sociedad. Al respecto hay que notar que hay diversas oportunidades en torno a su reportabilidad, y transparencia.

De acuerdo con la Teoría de la Fundación desarrollada por Rockefeller Philanthropy Advisors, los elementos centrales de este tipo de organización son: estatutos o carta fundacional, capacidades operativas y contrato social. Éste último es el acuerdo recíproco —implícito o explícito— con la sociedad sobre el valor que la fundación va a crear, y, en el sentido ético, es su fuente de legitimidad. El contrato social abarca las accountabilities externas de la fundación, su relación con la sociedad y la percepción de lo que considera que es apropiado hacer: es su acercamiento a entender y comunicar resultados significativos.

En ese sentido, las fundaciones determinan su reportabilidad (accountability), más allá de sus obligaciones a entidades reguladoras y directorios, identificando quiénes son sus stakeholders, tanto dentro como fuera de la fundación y en base a eso definen su rendición de cuentas y acceso público a la información. Al respecto, el estudio del CEFIS UAI sobre Filantropía Institucional recoge los tipos de información que las fundaciones preparan anualmente sobre su gestión: en su gran mayoría memorias y balances, resumen de gastos, estados financieros, etc, respondiendo tanto al aspecto de la reportabilidad y como al de transparencia.

Sin embargo, las fundaciones tienen un desafío relevante en prácticas de transparencia y acceso público de su información. La investigación del CEFIS UAI señala un bajo acceso público a información de las fundaciones: solo un 29% de las fundaciones filantrópicas tiene sus memorias publicadas en sus sitios web institucionales, y apenas un 24% da a conocer sus estados financieros y/o montos de gasto social de algún tipo. Estos niveles de transparencia son mayores en fundaciones empresariales y en bastante menor medida a las independientes y familiares. Se debe tomar en cuenta que, además, un 17% de las fundaciones ni siquiera cuenta con sitio web vigente.

La transparencia y la comunicación como elementos de relación con la sociedad, son factores que permiten abrir oportunidades de trabajo colaborativo, fortalecer la credibilidad y entender el rol que cumple el sector de la filantropía institucional en el desarrollo social.

Conclusiones

Las fundaciones filantrópicas son actores relevantes en un ecosistema filantrópico que busca fortalecer la sociedad civil. Como tal, es necesario que las fundaciones tengan en consideración que, más allá de su propio ámbito de acción específico, su labor está inserta en un determinado contexto social y es necesario atender a ello. En el caso de Chile, esto implica recordar que las fundaciones actúan en un país donde ha aumentado significativamente el ingreso per cápita de la mano del desarrollo económico, generando profundos cambios en la composición y relevancia de los desafíos sociales y medioambientales. Junto con ello, han surgido crecientes niveles de exigencia y vigilancia ciudadana y pública.

El dinamismo que muestra la filantropía institucional en Chile permite plantearse el impulso hacia un sector que comprende su rol específico y atiende los desafíos que aquí se comentan: la necesidad de diversificar la inversión social (geográfica y temáticamente, o bien dirigirla hacia espacios donde agregue mayor valor), definir modelos operativos eficientes; y fortalecer la gobernanza y transparencia de las propias fundaciones.

Las fundaciones que canalizan la filantropía institucional tienen la capacidad única en el ecosistema de generar puentes de colaboración, alinear a distintos actores tras un objetivo de cambio social común, generar modelos de innovación social y fortalecer a las organizaciones de la sociedad civil. De la fortaleza institucional que logren las fundaciones dependerá la capacidad de cumplir con este rol único que tienen en aportar al desarrollo social.

[1] En su estudio, el CEFIS UAI analizó las fundaciones filantrópicas legalmente constituidas y operativas en Chile, que además cuentan con financiamiento estable o permanente —donde el 50% o más proviene de una fuente privada—, tienen un directorio propio u otro organismo de máxima dirección equivalente, no cuentan con accionistas, y distribuyen recursos con fines de beneficio público. Se identificaron 108 fundaciones filantrópicas en Chile, de las cuales 84 participaron en el estudio. De ellas, 45% corresponden a fundaciones de tipo familiar, 26% corporativas o empresariales, y un 29% son independientes y fundaciones de fondos internacionales.

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Bibliografía

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Coatsworth, John (2008). “Movilizando tiempo y dinero: la filantropía y el déficit social en América Latina”, en C. Sanborn y F. Portocarrero (eds.): Filantropía y cambio social en América Latina. Lima: Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico y David Rockefeller Center for Latin American Studies.

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