octubre 23, 2018

Hace varias décadas distintos tipos de inversionistas comenzaron a hacerse la pregunta sobre el efecto de sus inversiones en la sociedad y el medioambiente. En los años 70 se acuñó el concepto de inversiones responsables, aquellas donde los inversionistas particulares o institucionales realizan un negative screening para excluir de su portafolio a empresas calificadas como ‘’dañinas’’ por el tipo de impacto negativo o “daño colateral” que éstas producen (Rodin 2015, p.5), como por ejemplo la producción de armamento o industrias altamente contaminantes con directo efecto negativo sobre el medioambiente. Luego se avanzó hacia las inversiones sustentables, donde se incorpora de forma proactiva los criterios ambientales, sociales y de buena gobernanza (ASG) en el análisis o due dilligence para la toma de decisión de una inversión, aunque siempre privilegiando el retorno financiero antes del impacto social o medioambiental. Estudios internacionales han demostrado que en el mediano y largo plazo, las empresas con alto nivel de sostenibilidad tienen un mejor desempeño financiero (mayor valor accionario y mayor return on equity como en return on assets ROE y ROA), demostrando que la integración temprana de políticas de sostenibilidad en el modelo de negocio y su estrategia puede ser una fuente de ventaja competitiva en el largo plazo (Eccles et al 2011).

La literatura señala cuatro características fundamentales en las inversiones de impacto (GIIN 2014 en OECD 2015):

– Una intención de parte del inversionista para generar impactos positivos sociales y/o ambientales;

– Una expectativa de un retorno financiero (al menos recuperación del capital invertido);

– Un rango de retorno financiero que varía desde una tasa bajo mercado hasta una tasa ajustado al mercado (risk-adjusted market return);

– La medición o monitoreo del impacto social y ambiental de la inversión, demostrando con ello que la intención de generar impacto se acompaña de un esfuerzo real por lograrlo.

Las inversiones de impacto se encuentran en un continuum entre sostenibilidad (que integra inversiones responsables y variables ambientales, sociales y de gobernanza) y filantropía.

Aninat, M. & Fuenzalida, I. (2017). Inversionistas de impacto en Chile: Mercado y variables de inversión. Serie Mapeo de Filantropía e Inversiones Sociales. Santiago de Chile: CEFIS UAI.

 

¿Qué inversionistas participan en las inversiones de impacto?

La literatura separa a los inversionistas de acuerdo a su motivación o expectativas en las decisiones de inversión en dos grupos de inversores (Phillips, Hager & North Investment Management 2010):

  1. Inversores con prioridad de impacto (Impact First), quienes priorizan el impacto social o medioambiental con algún retorno financiero. Estos inversionistas son más propensos a financiar proyectos que no podrían ser financiados por inversiones tradicionales o proyectos con mayor grado de innovación y riesgo. La motivación de este grupo es el impacto social y medioambiental y están dispuestos a aceptar un retorno por debajo del mercado o incluso la simple devolución del principal.
  2. Inversores con prioridad financiera (Finance First), quienes buscan optimizar retornos financieros con objetivos sociales o medioambientales. Este grupo está integrado por inversores comerciales que buscan vehículos financieros que les ofrezcan rentabilidades de acuerdo con el mercado asociado a una compensación por el riesgo asumido, y al mismo tiempo buscan crear impacto social positivo, combinando fines sociales y medioambientales.

La existencia de estos dos grandes grupos que aúnan motivaciones financieras y sociales permite combinarlos en estructuras colaborativas (layered structures) que mezclan diferentes tipos de capital con diferentes requerimientos o motivaciones. En estos acuerdos, los inversores con prioridad de impacto aceptan retornos financieros por debajo del mercado, haciendo más atractiva la participación a los inversores con prioridad financiera. Los inversores con prioridad financiera suelen ser instituciones como las gestoras de fondos de pensiones que están obligadas a obtener un retorno de mercado determinado. Suelen invertir en sectores maduros, como las microfinanzas o el sector de viviendas de bajo costo, y pueden entrar en otros mercados una vez que estos hayan sido testados por los inversores.

Las inversiones de impacto han atraído a una gran gama de inversionistas, tanto individuales como institucionales. Entre ellos destacamos:

  • Individuos de alto patrimonio y family offices. Este tipo de inversionistas es el más activo en el mercado internacional de inversiones de impacto, dado que tiene mayor flexibilidad en su decisión de inversión, especialmente por el hecho de no tener que rendir cuentas a terceros. Por ello, es más propenso a tomar riesgo o elegir inversiones en función de su interés y no necesariamente su retorno. En general, busca alinear su portafolio de inversión a sus valores y maximizar el beneficio que sus inversiones generan en el mundo (World Economic Forum).
  • Fundaciones. Si bien las fundaciones manejan fondos filantrópicos, han tenido un rol relevante en el ámbito de proveedores de capital a inversiones de impacto, apoyando proyectos de inversión en etapas tempranas, o bien como aval en fondos de impacto.
  • Inversionistas particulares o de retail. Los inversionistas particulares tienen una menor participación en el mercado de las inversiones de impacto actual pero se ha identificado su potencial si surgen los canales adecuados o disminuyen las barreras mínimas de inversión.
  • Estado. Junto al rol tradicional del Estado de promover la inversión a través de un marco legal y regulatorio abierto y competitivo, esta entidad también puede actuar como co-inversionista en el mercado de las inversiones de impacto, a través de fondos especiales o fondos públicos destinados impulsar el emprendimiento social.
  • Bancos comerciales y de inversión. Este tipo de instituciones han tenido una presencia creciente como fuente de financiamiento directo para empresas de impacto, como inversionistas en fondos, o como gestores de sus propios fondos de inversión de impacto. La banca ha ido creciendo en presencia como inversionista o intermediario, en algunos países impulsada por regulaciones que la obligan a tener una política de inversión para apoyar a la comunidad local, o bien por incentivos fiscales, o la demanda de sus propios clientes por este tipo de inversiones. Los bancos de internacionales y de wealth management han sido aportantes relevantes y canalizadores de inversiones de clientes individuales de alto patrimonio en fondos de inversión social y en nuevos instrumentos de inversión de impacto como los bonos de impacto social.
  • Compañías de seguros y fondos de pensiones. Aunque su participación es minoritaria en el mercado de las inversiones de impacto, existe un incipiente involucramiento de compañías de seguros y fondos de pensiones en la inversión de impacto, motivado por el interés de sus propios miembros, por regulaciones locales, o bien por la búsqueda de sostenibilidad de las empresas y un retorno financiero positivo en el largo plazo. Debido a su responsabilidad fiduciaria, la participación de estas instituciones se da principalmente con inversiones de riesgo controlado y retorno asegurado.
  • Instituciones financieras para el desarrollo. En su rol de apoyo al sector privado en países en desarrollo o en regiones con poco acceso a capital, los Development Finance Institutions (DFI) —como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o el International Finance Corporation del Banco Mundial—, son actores activos en el ecosistema de la inversión de impacto y se estima que representan la fuente de fondos más importante en los países emergentes (GIIN, 2014). Debido a su capacidad de tomar riesgo, han probado distintas fórmulas de inversiones de impacto y han tenido un rol clave en reducir el riesgo, y en aportar en fases tempranas de financiamiento. El BID, por ejemplo, ha sido un actor importante en la construcción del mercado a través del Social Entrepreneurship Program y en otras iniciativas de promoción y de desarrollo de sistemas de medición de impacto social.

 

Fuentes:

  • Aninat, M. & Fuenzalida, I. (2017). Inversionistas de impacto en Chile: Mercado y variables de inversión. Serie Mapeo de Filantropía e Inversiones Sociales. Santiago de Chile: CEFIS UAI.
  • Eccles, R., Ioannou, I. & Serafeim, G. (2011). The Impact on Corporate Sustainability on Organizational Processes and Performance. Management Science 60 (11): pp.2835–2857.
  • OECD (2015). Social Impact Investment: Building the Evidence. OECD Publishings.
  • Phillips, Hager & North Investment Management, (2010). An Overview of Impact Investing. RBC Global Asset Management Inc.
  • World Economic Forum (WEF), (2013). From the Margins to the Mainstream: Assessment of the Impact Investment Sector and Opportunities Engage Mainstream Investors. WEF and Deloitte Touche Tohmatsu.