agosto 23, 2019 Emol

CEFIS en la prensa


Quienes más aportan son los ciudadanos de entre 35 y 45 años. En el caso de las empresas, estas aportan, en promedio, $325 millones al año, según muestra el primer “Barómetro de la Filantropía”, elaborado por la Universidad Adolfo Ibáñez.

Por Natacha Ramirez

La investigación –que estuvo a cargo del Centro de Filantropía e Inversiones Sociales de esa casa de estudios y contó con el apoyo de la Fundación Chile + Hoy– da cuenta de una disminución de las donaciones registradas por el Servicio de Impuestos Internos (SII) en los últimos años, pasando de $154 mil millones en 2014 a $150 mil millones en 2017

También se caracterizó el perfil de los donantes. En el caso de los ciudadanos que realizan donaciones, lo hacen más las personas entre 35 a 54 años (41%), seguido por los jóvenes de 18 a 34 años (35%), mientras que en los mayores de 55 años es menos extendido (24%). También hay una participación levemente mayor de los hombres (54%) que las mujeres (46%). El estudio muestra además que ésta es una práctica presente en todos los niveles socioeconómicos. Y aunque está más extendida en los grupos de mayores ingresos, hay una participación significativa del grupo D, con un 17%, considerando los menores ingresos de ese segmento. El ciudadano donante reside principalmente en las regiones Metropolitana (40%), Bío Bío (12%) y Valparaíso (10%).

En cuanto al monto de los aportes monetarios que realizan los ciudadanos, la mayoría (44%) aporta hasta $3 mil mensuales, y el 37% dona entre $3 mil y $10 mil. Sólo un 19% destina más de $10 mil al mes a donaciones con fines sociales. Y la principal forma en que las personas aportan es donando su vuelto en el comercio, supermercado o farmacias (65%); luego en colectas o campañas para organizaciones o causas sociales (61%); y en tercer lugar en campañas para ayudar a víctimas de una catástrofe natural (46%). Sólo el 17% aporta dinero mensualmente a una organización social. Otro dato que se detectó es que la cifra de las donaciones que realizan los ciudadanos de manera electrónica se ha duplicado en los últimos cuatro años: de $42 mil millones en 2014 a más de $82 mil millones en 2018.

Las empresas donan, en promedio, $325 millones al año

En el caso de las empresas, hay una participación mayoritaria de las compañías de gran tamaño (68%) y de aquéllas que tienen entre 5 y 199 trabajadores (51%). Mientras que hay una menor participación de empresas medianas (32%). También aportan en mayor medida las empresas ubicadas en la Región Metropolitana (68%), seguidas por las de la zona centro-sur (20%).

El monto promedio que donan las empresas al año es de poco más de $325 millones. Aunque hay una gran diferencia entre ellas, ya que las compañías más grandes aportan, en promedio, $848 millones, que 130 veces más que las medianas y pequeñas, que donan $6 millones.

En cuanto a las fundaciones filantrópicas, la mayoría son fundaciones familiares (41%) y luego fundaciones empresariales e independientes (29,5% cada una). De éstas, las fundaciones exclusivamente donantes son el 18%, mientras que el resto opera programas propios o combinan programas propios con donaciones a terceros.

El monto promedio que donan esas entidades al año es de poco más de $300 millones. El aporte más alto lo realizan las fundaciones empresariales ($373 millones, en promedio); y luego las fundaciones familiares ($307 millones).

Según el estudio, la gran mayoría de las empresas (72%) hace uso de los beneficios tributarios de las donaciones que realizan, principalmente aquéllas que cuentan con una política de donaciones definida, son de gran tamaño y hacen donaciones de más de $50 millones. En cambio, sólo el 3% de los ciudadanos que hace donaciones mensuales utiliza la franquicia tributaria y un 28% que ni siquiera conoce esa posibilidad.

Las donaciones van principalmente al área de educación

En cuanto al destino de las donaciones, éstas van en mayor medida a entidades del área de educación (escolar y preescolar); luego de desarrollo social (desarrollo de comunidades locales y superación de la pobreza); atención a la primera infancia y a adultos mayores; arte, cultura y patrimonio; y medioambiente.

El estudio también hace ver que “hacer donaciones en Chile no es fácil ni amigable”, ya que “el marco legal que las regula es muy complejo”, con más de 90 normas diferentes y, “salvo algunas excepciones, los aportes son castigados con altos impuestos”. A eso se suma que “a diferencia de lo que ocurre en países en los que la cultura de la donación está asentada y es reconocida abiertamente, en nuestro país aún existe pudor por mostrarse como una persona de alto patrimonio y generosa, dispuesta a aportar a favor de diversas causas”.

También influyen otras debilidades detectadas, como “la falta de entendimiento global respecto del rol que cumple la filantropía, específicamente en el desarrollo de los proyectos orientados a resolver los problemas sociales; la escasez de transparencia y de confianza social de parte de los donantes y donatarios; y la débil —o casi nula— medición del impacto que tienen individualmente las organizaciones de la sociedad civil”.

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