octubre 26, 2016 EMOL, ECONOMÍA

CEFIS en la prensa


En la última década, más de 70 grupos familiares con grandes patrimonios han hecho aportes a través de fundaciones.

EMOL, ECONOMÍA

Una persona filántropa se puede definir como aquella que entrega parte de sus recursos, ya sean financieros, de gestión o de redes, para contribuir o hacer un aporte voluntario hacia un bien social, pero más allá de la obligación de pagar impuestos. Así define la directora del Centro de Filantropía e Inversiones Sociales de la Universidad Adolfo Ibáñez (Cefis-UAI), Magdalena Aninat, a este tipo de familias, el cual ha ido creciendo sosteniblemente en la última década en Chile. “Existe un creciente número de fundaciones familiares. El tema de administrar patrimonio en los family office (plataforma de inversión para los patrimonios) también ha traído la pregunta de cómo vamos a contribuir a la sociedad, está habiendo un crecimiento grande en términos de incorporar las inversiones y los aportes sociales en la gestión del patrimonio a nivel de familia”, apunta.

Fernanda Hurtado, gerenta general de la Asociación de Empresas Familiares, gremio que reúne a más de 70 familias empresarias, dice que “la filantropía tiene una característica que la hace totalmente única: cuando una familia decide hacer filantropía es porque efectivamente los mueves como familia, no es el negocio en sí porque es parte de su accionar público, pero cuando tiene una actividad filantrópica ya sea a través de una fundación propia o ser contribuyentes estables para una causa determinante es porque esa razón los mueve como familia, además porque es un motivo de unión muy potente dentro de las diferentes generaciones dentro de una familia”.

En el país estos aportes más que ser financieros como donaciones, se traducen en la implementación de fundaciones dedicadas a la educación de niños y niñas, promoción de la cultura, el arte o el cuidado medioambiental. Algunas de las familias que más destacan en este ámbito y que son miembros del gremio son Schiess Schmitz, dueña de la compañía de inversiones de capitales privados, Empresas Transoceánica y que en 2010 fundó el centro artístico “que promueve el desarrollo de la cultura y la creatividad en la educación a través de la música y el arte”, Teatro del Lago, ubicado en Frutillar.

También está la familia Ross Amunátegui con La Protectora de la Infancia, una institución fundada en 1894 que “entrega oportunidades a los niños, a través de educación de calidad y otros programas sociales”. Está presente en siete regiones y llegan a más 8.500 niños y sus familias. Los integrantes de la familia Palma Matetic, de origen magallánico, tienen la Fundación Teraike, con el fin de “ayudar a mejorar la calidad de educación de los niños y jóvenes de Chile como también para potenciar el valor del arte y cultura a través de distintas actividades”.

Los Cueto Plaza contribuyen desde 2012 con la Fundación Colunga, el cual se enfoca que el apoyo financiero “a personas y organizaciones que lideran iniciativas innovadoras y de alto impacto en el mundo de la educación y la superación de la pobreza”.

Por último, el Cefis-UAI destaca a los Ibáñez Atkinson con la fundación del mismo nombre que desde 2011 promueve el desarrollo cultural del país “y la formación integral y educacional de las personas, con especial énfasis en la música, el medio ambiente y la prevención de la seguridad incidiendo en niños y jóvenes”.

¿Y Leonardo Farkas? “Farkas sin duda que hace un modelo de filantropía más anglosajona, con mucha visibilidad y lo interesante de él, siendo una persona que se sale un poco del escenario local, es que también hace una convocatoria a otros empresarios y hace un poco de “Pepe Grillo” en ese sentido de llamar a otras de donar y estar ahí donde existen necesidades. Él busca atender necesidades inmediatas hay otros que están más involucrados en cambiar realidades de largo plazo, más difíciles”, señala Aninat.

Incentivos

La filantropía tiene una serie de incentivos tanto en Chile como en el extranjero, y no se debe confundir con la Responsabilidad Social Empresarial (RSE). La primera hace referencia al aporte de los fondos familiares que provienen del patrimonio familiar, y la segunda de la empresa. Magdalena Aninat explica que en el país existe una diversidad de sistemas de incentivos tributarios.

“Hay alrededor de 50 cuerpos legislativos que mencionan las donaciones y hay cerca de nueve leyes de donaciones relevantes y las donaciones como existen en Chile permiten estar enfocadas principalmente para las grandes empresas, las empresas que tienen rentabilidad imponible”. “Por ejemplo está el crédito tributario, o sea que si uno dona $100, $50 lo puede generar como devolución. También hay algunas leyes que están para los contribuyentes que son personas individuales, el global complementario pero en el fondo no son mecanismos fáciles de usar, que requieren una ingeniería y quizás no son tan fáciles de usar cuando están pensado más bien en el patrimonio familiar”, añade.

“Lo que falta en Chile es incorporarla como una práctica habitual entonces los incentivos ayudan a eso, a que sean proporcionales. Lo que no puede tener incentivos es que sea más el beneficio para el donante que el beneficio de la donación que genera, ese es un mal incentivo”, concluye.

Revisa el artículo original aquí.