junio 18, 2015 - EL MERCURIO, EDITORIAL

CEFIS en la prensa


Sería deseable resaltar los logros de la filantropía para fortalecer el cambio cultural que permita sacar esta práctica del anonimato.

EL MERCURIO, EDITORIAL

Un inédito estudio sobre la filantropía en Chile dio cuenta de que en el segmento de los grandes patrimonios esa práctica es bastante extendida y sus donaciones benefician a una amplia variedad de causas.

La investigación -realizada por el Centro de Filantropía e Inversiones Sociales (Cefis) de la Universidad Adolfo Ibáñez- arrojó que la principal motivación de los aportantes es lo que denominan un “deber moral”, o sea, una cierta percepción de responsabilidad para con la sociedad. Solo el 13,5% responde entre sus motivaciones “aportar” a los grupos de interés vinculados a las empresas, y aun menos, 11,5%, lo atribuye a una motivación estrictamente caritativa o solidaria de “ayudar a los que no tienen”.

Si bien en términos agregados la filantropía es imposible de catastrar en su totalidad, las cifras muestran que en los últimos seis años en Chile ha existido un aumento de 143% en el número total de contribuyentes que realizan donaciones acogidas a diversas leyes de incentivos tributarios.

Pese a lo anterior, los montos involucrados alcanzan solo el 0,2% del PIB y son proporcionalmente bajos considerando, por ejemplo, que en Estados Unidos la cifra total representa el 2% del PIB. Las razones de ello parecen estar explicadas por dos ámbitos: porque los incentivos a las donaciones son percibidos como insuficientes y por un aspecto cultural. Este último factor es clave. A modo de ejemplo, solo un quinto de los entrevistados de alto patrimonio dice que donará parte de su herencia, algo que contrasta con la realidad especialmente de Norteamérica.

En términos generales, la filantropía en el mundo hace un aporte sustancial en distintos ámbitos, desde la investigación científica al desarrollo de la cultura, abriendo oportunidades que no necesitan ajustarse a las prioridades y focos de los apoyos que otorga directamente el Estado en esos ámbitos.

La filantropía muestra, al mismo tiempo, que los empresarios dueños de grandes patrimonios, junto con velar en sus empresas por obtener las mayores utilidades posibles, pueden al mismo tiempo practicar virtudes como la generosidad. Ello ya lo vislumbró Adam Smith cuando escribió en su libro “La teoría de los sentimientos morales” que “por muy egoísta que se suponga al hombre, hay evidentemente en su naturaleza algunos principios que lo hacen interesarse en la suerte de los demás, y que hacen que su felicidad sea necesaria para él, aunque no obtenga nada de ello, salvo el placer de contemplarla”.

En Chile han existido aportes filantrópicos relevantes en el pasado, como por ejemplo el Parque Forestal, el Parque de Lota y al menos seis universidades, o toda la red de hospitales de la antigua Beneficencia Pública. En la actualidad, pese a que la ley de donaciones es una normativa relativamente reciente, debe mantenerse un proceso de evaluación de la misma para ver cómo operan y cómo pueden perfeccionarse los distintos incentivos. Pero, al mismo tiempo, sería deseable resaltar los logros de diversas acciones de filantropía para fortalecer el cambio cultural que permita sacar esta práctica del anonimato y darle mayor difusión en nuestra sociedad.

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